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viernes, 8 de mayo de 2015

Bienvenidos a la campaña electoral

El Roto -El País
Acabamos de estrenar la campaña electoral de las elecciones municipales y autonómicas y los mensajes ya nos suenan machacones y las palabras huecas. Es el momento de los coches paseando sus soniquetes, de los mítines, de los políticos en la calle como caracoles al sol después de la lluvia... Y de continuar la tarea de la precampaña en la que los partidos y sus prohombres (y alguna que otra mujer) han acampado en los medios de comunicación para hacernos llegar su visión y su misión política.
Es tiempo de promesas y de apelar a los sentimientos para que compremos futuros de cartón-piedra llenos de felicidad, prosperidad y victoria.

En este año, vamos a renovar una de las tres patas de la organización social (gobierno, poder económico y sociedad civil): la del poder político. Desde el gobierno municipal hasta el nacional, nuestro voto va a decidir quién va a ser el garante del bien común.
Durante la campaña el ciudadano tendrá que escarbar entre la opinión disfrazada de información, entre las promesas electorales y entre las descalificaciones a los otros partidos para encontrar los cimientos sobre los que asentarán su actuación política los diferentes partidos, agrupaciones y coaliciones en la medida en que consigan más o menos poder.
Algunos sostienen que, cuanto más fina y esbelta sea esta pata del poder político, los mercados y el sector privado podrán crecer más y proporcionar más trabajo y beneficios a la sociedad.
Otros creen que el gobierno debe enlazarse a la sociedad civil, de esta manera la sabia de ésta fortalecerá el poder político frente al sector privado y a su vez el gobierno la favorecerá siendo impulsor del proyectos, educando en el activismo, etc.
Por supuesto, hay quienes creemos que si se pierde el equilibrio, más aún si se busca expresamente engordar o atrofiar alguna de las tres patas, la sociedad se deteriora.
En estos días vamos a oír propuestas concretas; pero, sobre todo, esbozos de principios de actuación: van a favorecer esto, van a controlar aquello, van a promover lo otro... Sin embargo, los ciudadanos tenemos que ser conscientes que el gobierno no es absoluto y que está limitado por otros poderes (incluso las mayorías absolutas están condicionadas por los mercados, las decisiones de entes políticos superiores, etc.) y por las circunstancias de cada momento.
Es cierto, que los políticos tienen que postularse como ganadores para poder serlo y que tienen que hacer un alarde de un poder mayor al que realmente tienen. Y, por si fueran pocas las limitaciones con que se encuentran a nivel local, regional o nacional, vivimos en un mundo globalizado; aunque sólo en parte. El sector privado de las grandes empresas trasnacionales y de los mercados financieros ha globalizado el mundo: las comunicaciones, los productos, la producción, etc. Han formado un sólido y vasto pilar económico global para una sociedad globalizada. Sin embargo, no hay un poder político coordinado que vele por los intereses de los ciudadanos del oikos planetario; y no hay una sociedad civil fuerte que marque su impronta.
Es el momento de estructurar las tres patas de la sociedad universal. Ese es el verdadero cambio del que no se oye hablar. Tomemos las riendas del futuro y veamos en qué mundo queremos vivir.
Es el momento de comprometernos, de organizarnos civilmente de manera global para defender un mundo más humano, equitativo y sostenible.
Pero, sobre todo, es el momento de llevar a nuestros ayuntamientos, diputaciones y autonomías un proyecto que no se pare ahí, que partiendo del cuidado y de la gestión responsable de lo cercano se expanda y que se coordine a nivel global recuperando el poder que han acaparado los mercados.
EQUO es un proyecto con proyección global, integrado en el Partido Verde Europeo, asentado sobre los cimientos de la ecología y la equidad social. Parece un buen comienzo.

Hay un capítulo de Los Simpson en el que Bart quiere crear un ejército para enfrentarse a los matones del colegio. Reúne en su casa del árbol a todos sus compañeros, maltratados como él por Nelson y sus secuaces, y comienza su arenga: “no puedo prometeros la victoria...” Ante la desbandada, recula y se lanza a prometer lo que quieren oír.
A veces, lo peor de las promesas no es que no se cumplan, sino el coste de que sí lo hagan.



viernes, 27 de marzo de 2015

Más de lo mismo

En mi último artículo, ¿Se está fraguando un nuevo modelo político?, decía que Equo ha perdido una ocasión fantástica para demostrar que estaba hecho de otra pasta. Un lector, Jesús S., con mucho tino decía “¿qué podía hacer Equo distinto a lo hecho? ¿Cuál es la oportunidad perdida?”.
Pues bien, estas acertadas preguntas me han hecho darme cuenta de que yo también he hecho más de lo mismo, es decir, centrarme en la reflexión crítica (con más o menos acierto) pasando de refilón por la propuesta constructiva.
Intentaré enmendarme.

La inminencia de la convocatoria de elecciones y el breve plazo que se abre para plasmar en candidaturas el trabajo realizado, está haciendo que los nervios se tensen y, como suele pasar en estos casos, que los que acaben recibiendo las críticas más duras o las respuestas más airadas sean los que están a nuestro lado.
Me parece encomiable que haya gente todavía tan generosa y dispuesta a aportar su granito de arena para lograr una sociedad más justa más armonica con su entorno natural en los variopintos contextos municipales y autonómicos. Pero eso no es nada nuevo aunque, como sabemos, no todo lo viejo es malo, como no todo lo nuevo es bueno (¡viva los matices!). Aunque, claro, tampoco no es garante de cambio.
La campaña electoral se presenta, viendo como calienta motores, como más de lo mismo: el PP con su canción sobre la recuperación, la confianza (!) y la estabilidad y la izquierda con su actual soniquete de la “Casta”, lo “Viejo”, el “Bipartidismo” y de “Empoderar a la gente” y el PSOE y Ciudadanos hablando de compromiso y de reforzar la democracia.

Ahora bien, esto es lo que me gustaría a mí escuchar en mayo.

Discurso

Me gustaría una campaña fresca que me recuerde todo lo que tenemos de bueno y que no sea excluyente sino que plantee cómo puede ser mi municipio y mi autonomía con realismo: sabiendo dónde estamos y a dónde queremos y podemos llegar. Estoy harta de los que sólo saben criticar y costruyen su identidad únicamente en la oposición al resto.

Formas

Me gustaría encontrar una propuesta inteligente, integradora, sin generalizaciones ni simplificaciones, donde se riegue la esperanza, el trabajo conjunto por una sociedad mejor y el optimismo. Detesto el maniqueismo y que interpelen a mis sentimientos (azuzando el malestar para ponerme en contra de “los otros”) en vez de a la razón.

Contenidos

Espero que los que mañana gobiernen el lugar donde vivo lo hagan con cabeza, con principios básicos y claros: el bien común y, por supuesto, en sana convivencia con el entorno. Pero quiero propuestas realistas, de acorde con el mundo globalizado en el que vivimos; y, sobre todo, quiero que no den por sentado que son la voz de los ciudadanos, porque la gente tenemos cada uno nuestra propia voz que no es monocroma sino plural, rica y variada.


Probablemente muchos de estos aspectos están recogidos en movimientos y partidos políticos; estupendo, potenciémoslos.
La ecología política no es un color de un complemento de moda ni una hoja en el programa electoral. Es una filosofía de vida y de convivencia. ¿Es necesaria? Imprescindible. Por eso en las prisas por poder influir en un nuevo modelo social se ha quedado de vistoso (ojalá) complemento. Pero al césar lo que es del césar: no es un triunfo, pero tampoco un premio de consolación. Es una etapa del camino si no olvidamos los objetivos: crear una sociedad más equitativa y sostenible que garantice una mayor riqueza vital a las generaciones presentes y futuras.
La ecología tiene que encontrar su camino. No le conviene cerrarse a las convenciones actuales, no necesita etiquetas de izquierdas ni de derechas; porque la ecología política es puro sentido común. ¿Por qué ser carne o pescado pudiendo ser una nutritiva y sabrosa ensalada (de nuestro huerto o balcón ecológico, claro)? Fabulosa como plato completo y enriquecedora como acompañamiento.

En este blog precisamente intento proponer cuál puede ser ese camino. No todo está dicho, por supuesto, pero... ¡quedan tantos artículos por escribir!


viernes, 13 de marzo de 2015

¿Se está fraguando un nuevo modelo político?

Queda poco para las elecciones autonómicas y municipales y escuchando a algunos parece que estamos ante una batalla épica entre los malvados señores de la casta, los de la llamada vieja política, y los jóvenes valerosos y perseguidos, cual Robin Hood y sus alegres compañeros, que luchan por devolver la soberanía al pueblo e instaurar una nueva era de paz y properidad bajo un nuevo modelo político.
Ante semejante tesitura histórica unos y otros reclaman al resto de partidos y a los electores que se sumen a su bando, que dejen atrás sus prejuicios y resquemores y hagan lo correcto que, por ende, es la única salida posible ante la hecatombe que supondría el triunfo del enemigo.
Soplan vientos de cambio, auguran; pero, ¿realmente se está fraguando un nuevo modelo político?

En los análisis políticos abundan las reflexiones sobre los “actores políticos” (vamos, los partidos políticos y sus dirigentes) extendiendo su novedad o no y ciertas características internas a la “nueva” y a la “vieja” política. De igual forma algunos tienden a asimilar la corrupción o el nepotismo con los antiguos partidos y la honradez, la ilusión o la frescura con los nuevos. Mas el ser humano es rico en matices, en luces y sombras: ayer, hoy y mañana.
El Roto
En consecuencia, no creo que las nuevas formaciones sean promotoras per se de un nuevo modelo político y, de momento, están demostrando estar en su salsa en el actual. Hablar de república, empoderamiento ciudadano o transparencia democrática no tiene nada de novedoso.
Ahora bien, sí soplan vientos de cambio. Está en el ambiente; se nota aunque no se sepa bien el qué. Lo cierto es que los avances tecnológicos nos brindan futuros insospechados; pero en los que la globalización, la falta de regulación de los mercados financieros y especulativos, la pérdida de biodiversidad, el cambio climático o la falta de equidad son algunos de sus retos. Cómo se da respuesta válida a estas realidades va a ser lo que determine los nuevos modelos políticos.
No podemos cerrar los ojos ante una realidad que nos desborda donde el poder de maniobra de los estados es mínimo, cuánto menos el de las comunidades autónomas y el de los municipios. El nuevo modelo político tendrá que pasar por nuevas formas de organización supranacionales, por crear dos nuevas y robustas patas globales: el poder público y la sociedad civil, que equilibren a la siempre insatisfecha pata del poder privado de los ricos y poderosos.
Y esto es importante, porque nos están diciendo que la sociedad civil debe movilizarse y organizarse en el ámbito político y así nos espolean “agrupaciones ciudadanas” como Podemos o Ganemos. Pero es que tan importante es la función de las organizaciones políticas como la de las organizaciones civiles, de hecho cubren necesidades distintas. Es más, una de las funciones de la sociedad civil es el control de la función pública.
La política tiene como fin la armonización de la vida en común, lo que incluye equilibrar la iniciativa privada y el bien común. Hay ciertos aspectos que se han descuidado y debilitado como la separación de poderes, o la importancia de la sociedad civil que debe ser mimada y cultivada entre otras cosas luchando contra el actual empobrecimiento cultural. Pero también hay cambios acuciantes que no sé si constituirán un nuevo modelo político, pero que deberían marcar una forma distinta de hacer política, es inconcebible el sistema de gobierno-oposición en una sociedad moderna. No tiene sentido que se juegue a la confrontación vacía y estéril. Como ya he dicho en otra ocasión, el papel del presidente (estatal o autonómico) o de un alcalde tiene que ser liderar un equipo de trabajo integrado no sólo por miembros de su partido, sino por todos los representantes elegidos por los ciudadanos. Y la función de estos últimos es controlar, opinar, proponer pero también colaborar.

Equo ha perdido una ocasión fantástica para demostrar que estaba hecho de otra pasta pues sus valores, formas y proyección son los de un partido preparado para el futuro. Es necesaria cierta “altura de miras” para no dejarse envolver en la vorágine de “lo nuevo” tan pasada de moda.



viernes, 27 de febrero de 2015

El voto huérfano

En estos últimos días varias personas me han preguntado qué opinión tengo sobre algunos partidos como Podemos o Ciudadanos. Otras, incluso, me han pedido que les diga a quién pueden votar en las próximas elecciones. Por supuesto, me hubiera encantado poder recomendarles a todos que votasen a Equo, pero para eso tendrían que poder encontrarlo en las papeletas el 24 de mayo.

Somos muchos los que contemplamos patidifusos cómo los partidos políticos viven en una realidad alternativa, pero que proyecta una densa sombra sobre la nuestra. El desencanto es mayúsculo; lo que lleva a la indignación, pero también a la apatía y la abulia. Resulta increible que políticos de todo signo jueguen a la burla moral del delito prescrito o del que no se puede probar legalmente y a las prácticas poco éticas aunque legales (no olvidemos quién legisla).
Estamos además inmersos en una terrible crisis (sí, aún lo estamos) provocada en gran medida por las malas prácticas de las entidades financieras y especulativas y agravada por las peores decisiones de unos timoratos gobernantes plegados a las demandas de esos mismos insaciables mercados financieros.
En tres meses hay elecciones y parece que soplan vientos de cambio. Ya veremos hacia dónde.
Por de pronto, los que están gobernando nos intentan sedar con sus machaconas letanías que nos pintan la crisis y la corrupción como un desvarío y la recuperación como una realidad palpable y tangible. No son pocos los crédulos ni los que se esfuerzan en confiar porque temen más lo desconocido.
El resto de formaciones políticas, en general, busca la manera de mantener excitados e iracundos a los votantes con las tropelías ajenas para conseguir una adhesión sin matices: con ellos o con nosotros (si estás contra ellos, estás con nosotros). Es desde luego la bandera de Podemos y de los partidos (o agrupaciones y coaliciones) de confluencia que están surgiendo (Ganemos y demás). Es imperativo, dicen, llegar a las instituciones para acabar con el bipartidismo y así dejar la vieja política atrás y empezar algo nuevo -aunque empleen un lenguaje viejo-.
Ante semejante panorama, me permito contaros un cuento:  

La historia del voto huérfano

Érase una vez un voto. Como todo voto era chiquitito y no pesaba mucho. Sin embargo tenía un bonito color dorado que lanzaba hermosos destellos.
Las urracas siempre estaban al acecho para llevárselo a su nido.
En algunos de estos nidos había tal número de votos que brillaban casi tanto como las guaridas de los poderosos dragones repletas de oro.
Nuestro voto conocía bien esos nidos. Al principio le había gustado estar acompañado de otros votos. También se había sentido a gusto bajo las protectoras alas de las urracas. Hasta el día en que se dio cuenta de que las urracas no eran más que armazones huecos movidos por otros votos, tan chiquititos como él, que soñaban ser dragones.
Por eso se puso a buscar.
Pronto se topó con grupos de votos que contruían nuevos nidos para armazones de pájaros multicolores.
Encontró riadas de votos que odiaban la codicia de los dragones y en vez de nidos se refugiaban en confortables y bulliciosas ollas custodiadas por figuras de gnomos y de duendes.
Incluso descubrió pequeños grupos de votos juiciosos y comprometidos con bellos ideales.
Como es lógico, poco a poco se iban juntando, para poder hacer un nido con un pájaro más hermoso y grande o un caldero enorme con el duende más gigantesco. Todos decían que siendo tan pequeñitos y con tan poco peso necesitaban ser muchos y fuertes para que no se los llevara el aire. Es mejor ser una útil pluma o una pata del caldero que ser un colibrí o un pucherito, decían sabiamente.
Nada de esto convencía a nuestro voto. Apesadumbrado pasaba las horas encerrado, indeciso, sin saber qué hacer. No quería ser lo que no era. No quería fingir ser oro ni dentro de un nido ni en un caldero.
Apesadumbrado, decidió dar un paseo por el campo, para reconfortarse en la naturaleza. Junto al verde de los árboles destacaba el fulgurante dorado de un trigal. Decidido encaminó allí sus pasos para sentir la fuerza y la potencia de esas pequeñas semillas.
Al acercase comprobó sorprendido que era una multitud de votos como él, deseosos de transformar la realidad, de hacer un mundo más equilibrado y positivo, pero no tenían voz porque no creían en las palabras huecas.
Impotente, se sentó en el suelo y comenzó a cantar. Al principio tan bajito que casi ni los que estaban a su lado le oían. Pero uno de ellos, se sentó a su lado y se sumó a su canción.
Desde las ramas de los árboles los falsos pájaros se burlaban con su armónico trino. Junto a sus raíces, los simulados duendes lo ignoraban buscando ansiosos más votos para su olla.
Nuestro voto, feliz, siguió cantando seguro de que un verso es capaz de dar vida a un sueño.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Huele a viejo

Huele a viejo el año que se acaba, con la niebla y el frío arropando su decrepitud. Mientras, alumbrados por la caja tonta en nuestros hogares, soñamos con las promesas del año nuevo envueltas en deslumbrante papel de regalo.
Nos fascina lo nuevo porque lo asimilamos a la pureza, a la ilusión, al cambio. Es como hacer borrón y cuenta nueva. Aunque, a la vez, tiene el sabor de algo antiguo, porque nos transporta a la niñez, vivida o recordada, donde todo era más luminoso, más emocionante... más sencillo. Probablemente por eso nos gusta tanto lo nuevo, porque nos transporta al pasado, a los viejos tiempos.

Desde la fulgurante aparición de Podemos, la pasión por lo nuevo raya con el frenesí. Un partido nuevo, gente nueva, ideas nuevas. Todo limpio de la putrefacta corrupción que nos escupen todos los días las noticias. Incluso un lenguaje nuevo que se ha instalado como un gato se adueña del sillón de la casa: casta, asamblea, participación ciudadana, proceso ilusionante, transversalidad, círculos, empoderamiento, transición inacabada, bipartidismo, PPSOE...

Bueno, nuevo, nuevo... Esa novedad que tiene encontrar un viejo vestido en el desván de la casa de tus abuelos y comprobar que está estupendo, te queda como un guante y además es muy hipster.
Como una epidemia, la aversión a lo viejo como contraposición de lo nuevo se ha extendido rápidamente y políticos de todo signo la han hecho suya al compás de la sociedad jaleada por los medios. Salvo el PP, claro, que pese a estar hundiéndose en su propia inmundicia, nos insiste con esa convicción propia de los locos en que todo lo hace para aplacar la ira de los dioses (hoy léase mercados) tal y como dictan las sanas tradiciones.
La lógica es sencilla. Una pildorita fácil de tragar.
Lo nuevo es sinónimo de pureza, luego es intrínsecamente bueno (hasta que se demuestre lo contrario, como dicen los estadounidenses de los pesticidas, del fracking o de los medicamentos).
La antítesis es lo viejo, sinónimo de podredumbre, de corrupción, luego es intrínsecamente malo.
Así de fácil. Nuevo, bueno. Viejo, malo, casta, puag.
Nos hartamos de oír que el viejo modelo bipartidista del PP-PSOE está acabado, que ya es hora de poner fin al régimen del 78, de acabar con la casta y de recuperar la soberanía para la mayoría ciudadana en un proceso ilusionante de confluencia social, transversal y participativo. ¡Toma ya!
En esto Podemos le gana por goleada a Ganemos. Podemos, pese a sus inicios filocomunistas, abre los brazos a todo el espectro político, pues tiene vocación de partido único. Ganemos, sin embargo, tiene alma de izquierda unida y, dando la espalda al PSOE-casta, aspira a aunar al resto de la izquierda, con lo que no deja de ansiar un nuevo (por lo tanto puro y bueno) bipartidismo: Ganemos vs PPSOE.
Para hablar tanto de diversidad, ¡cómo gusta el blanco o negro!
EQUO se ha posicionado claramente a favor de los movimientos de confluencia, arrastrado por ese fervor maniqueísta y por las continuas pullitas sobre la apabullante irrupción de Podemos frente al tímido avance del partido ecologista.
Sin embargo, precisamente por tratarse de un momento histórico de cambio, EQUO podría diferenciarse por representar el equilibrio. Si despojamos de absolutismos, generalizaciones y asimilaciones infundadas la retórica actual, vemos que no todo lo que se ha hecho hasta ahora está mal; no todos los valores morales están corrompidos; no es todo lo viejo es cinismo o mediocridad ni casta; ni todo lo nuevo aunque reluzca es oro.
Es necesario reconducir el debate y la actuación política a lo esencial: el bien común dentro de un mundo globalizado con un grave problema ecológico y en un estado de dominio absoluto de los desatados mercados financieros.

Quizás no es lo que esté de moda, ni sirve para hacer grandes campañas publicitarias (perdón, electorales), pero muchos echamos en falta esa opción, cuánto mejor en un partido europeísta, ecologista y social.

Hace no mucho, oí a alguien que defendía con ahínco lo nuevo como valor supremo. Huelga decir que los viejos políticos y luchadores sociales veían en su novedad lo que ellos habían defendido siempre. Es curioso cómo podemos usar el lenguaje y distorsionarlo sin pudor para que nos arrulle al oído. Aunque claro, puede que el problema es que a mí siempre me ha gustado el olor a viejo de los libros.
 
Mis mejores deseos para todos: Feliz Navidad y Mejor 2015


viernes, 21 de noviembre de 2014

Esta vez sí, equidad

A veces me pasa, comienzo escribiendo sobre equidad y termino hablando de corrupción o de la tendencia del sector privado a despegarse de la realidad y sus normas. Es que una se embala... Pero, después de entonar este “mea culpa”, hoy sí voy a hablar de equidad, término íntimamente ligado a Equo (equidad social + ecología política) y, por supuesto, a este blog (por lo del bien común, claro está).

La equidad es dar a cada cual lo que se merece. Sin entrar en disquisiciones filosóficas sobre el “concurso de méritos”, el principio de equidad condiciona un modelo de sociedad donde todas las personas que la conforman participan equitativamente de los bienes, de las oportunidades, del poder, etc.
Hay dos teorías dominantes: liberalismo e igualitarismo social, ambas con aspectos positivos y muy atractivos.
El liberalismo aboga por la libertad personal, la iniciativa privada y la autonomía. Sin embargo, cuando se absolutiza, pasa a considerarse que lo que uno “logra” es todo por sus propia valía, que no debe nada a la sociedad, y se permite el dominio de unos pocos sobre el resto como una consecuencia de la expresión de las diferentes capacidades.
El igualitarismo social defiende que todos los seres humanos somos iguales y, por lo tanto, tenemos los mismos derechos. Esta es una gran premisa para una sociedad justa y respetuosa. Pero, llevado al extremo, puede llevar a una homogeneización impuesta, que requiere la intervención castrante y expansiva del estado limitando escandalosamente los derechos personales que en principio defendía.


Ambas posiciones desequilibradas llevan a una sociedad no equitativa, es decir, inicua.
Según Henry Mintzberg, toda sociedad se sustenta sobre tres patas: gobierno, sector privado y sociedad civil.
El gobierno es el garante del bien común; es quien tiene las competencias para el uso de la fuerza, la defensa de sus ciudadanos, la potestad de poner normas de convivencia, quien crea y organiza las infraestructuras, quien garantiza la equidad de los bienes sociales: educación, sanidad...
El sector privado es el fruto de la iniciativa, la creatividad y la capacidad emprendedora o empresarial de un individuo o de un grupo; se basa en la libertad individual y en la búsqueda de beneficios, es decir, en la retribución a su esfuerzo, creatividad...
Por último, la sociedad civil está formada por las asociaciones y organizaciones privadas con fines diversos: científicos, culturales, deportivos, recreativos, humanitarios, religiosos, ONGs, etc.
Cuando una de las tres patas predomina sobre las otras o, por el contrario, está atrofiada, se pierde el equilibrio, la equidad y la sociedad se deteriora.
Cuando el gobierno pone a la sociedad y al estado antes que a las personas, se coartan las libertades, se cercena la creatividad, se impide la libertad de asociación y de expresión, etc. El resultado son gobiernos dictatoriales (de uno) u oligárquicos (de un grupo), bien de derechas (por ejemplo, el franquismo) bien de izquierdas (por ejemplo, el castrismo).
Cuando el sector privado domina a los otros dos, el gobierno en vez de garantizar el bien común se pliega o se alía con el poder económico y favorece sus intereses, relegando económicamente a la sociedad civil y haciendo ajustes socio-económicos al capricho de los mercados. Como está sucediendo actualmente en medio mundo, también en España (tiene guasa, intereses estratégicos los llaman).

Finalmente, si la pata más desarrollada es la sociedad civil puede actuar presionando al estado o al sector privado en aras a los intereses del grupo concreto más movilizado o con más poder. El resultado pueden ser sociedades de castas, estados integristas religiosos, etc. En definitiva, que impongan las ideas de un grupo mayoritario, poderoso o influyente al resto.
Todos los integrismos maniqueístas tienden a buscar lograr esa presión, como los tribalismos nacionalistas, el ecologismo radical a los fanáticos del lenguaje inclusivo.
La equidad es armonizar las tres patas sociales, para que cada una realice su cometido sin flaquear y sin imponerse.

En mi opinión, Equo es el partido que mayor proyección podría tener en estos momentos precisamente porque la equidad es una de sus señas de identidad junto con la sostenibilidad, el respeto por la naturaleza y la búsqueda de un equilibrio entre nuestras necesidades y las posibilidades del planeta. ¿Alguien da más?